De la vitrina a la mesa: si Puebla Cinco de Mayo sí cambia algo
El programa que integra a 140 cooperativas y ya exporta a Los Ángeles suena bien en el boletín; la praxis real se mide en cuántos productores siguen ahí en cinco años.
La marca Puebla Cinco de
Mayo presume cifras que, en el papel, son notables: 274 emprendimientos
respaldados, 283 marcas registradas, 140 cooperativas integradas y 56 productos
de 17 marcas que ya alcanzaron su primer millón de dólares en exportaciones, incluido
un embarque de mezcal poblano rumbo a Los Ángeles. Son números que cualquier
estrategia de desarrollo económico regional firmaría con gusto.
La pregunta de fondo —la
que corresponde a esta columna— es si ese andamiaje institucional sobrevive el
cambio de administración o si, como tantos programas de marca-región en México,
depende por completo del ciclo político que lo bautizó. El anuncio del programa
piloto Sabor a Puebla, que llevará productos saludables a 50 escuelas y luego a
200 más, es un buen ejemplo: la ejecución escolar requiere continuidad
presupuestal multianual, no solo voluntad de arranque.
La praxis de la política
pública se demuestra cuando el proyecto deja de depender del funcionario que lo
presentó en conferencia de prensa. Si en cinco años las cooperativas siguen
exportando, si las 499 marcas con sello distintivo siguen operando y si Sabor a
Puebla llegó de verdad a las 250 escuelas prometidas, entonces sí se podrá
hablar de política de Estado. Antes de eso, sigue siendo, con todo y buenos
números, una apuesta de sexenio.
