Las alertas que se acumulan sin que nadie las cuente

Cada activación del protocolo de búsqueda es una familia rota en tiempo real; el vicio oculto no es la desaparición en sí, sino la manera en que el sistema la normaliza en el conteo diario de notas.

Entre las notas de una
semana cualquiera en Puebla conviven, casi sin distinguirse unas de otras, la
activación de un protocolo de búsqueda por la desaparición de una persona, el
hallazgo de un cuerpo en un camino rural y el reclamo de justicia de una
familia por un homicidio sin resolver. Cuando estos hechos se leen en el mismo
scroll que el clima y los resultados del Mundial, algo en la jerarquía
informativa —y en la respuesta institucional— se está normalizando de forma
peligrosa.

Colectivos de familiares
de personas desaparecidas han tenido que organizarse de manera independiente
para exigir que estos casos no se diluyan entre la agenda mundialista, incluso
preparando manifestaciones en los alrededores de los partidos para forzar la
atención pública que el aparato de gobierno no siempre ofrece de forma
proactiva.

El vicio verdaderamente
oculto no es la tragedia individual de cada familia, que es visible y
dolorosamente pública. Es la ausencia de un mecanismo que conecte cada
activación de búsqueda con una investigación sostenida más allá de la nota
inicial. Mientras la desaparición de una persona compita, en términos de
atención mediática y presupuestal, con el marcador de un partido de futbol,
seguiremos teniendo alertas que se cuentan, pero casos que no se resuelven.

Nota: si tienes
información sobre una persona desaparecida en México, puedes reportarlo a la
línea 089 o directamente ante la Fiscalía de tu estado.

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