La resaca que sí nos organiza

Puebla capital demostró que puede festejar y limpiar en tiempo récord; la pregunta es si esa misma eficiencia llegará a los pendientes de fondo.

Amaneció con confeti todavía pegado al pavimento de la avenida Juárez,
pero también con cuadrillas de limpia trabajando desde temprano para devolverle
su cara a la ciudad. La victoria de la Selección Mexicana frente a Ecuador
desató una fiesta que, como todas las fiestas grandes, dejó su rastro. Lo que
llamó la atención esta vez no fue el desorden, sino la velocidad de la
respuesta: operativos especiales de lavado, cuadrillas movilizadas de
madrugada, un corredor comercial que en cuestión de horas volvió a la
normalidad.

Vale la pena preguntarse por qué esa misma capacidad operativa no se
despliega con la misma urgencia frente a los baches, las fugas de agua o el
alumbrado descompuesto que llevan meses en la lista de pendientes de las juntas
auxiliares. La ciudad puede reaccionar rápido cuando el reflector está
encendido; el reto es sostener ese ritmo cuando ya nadie está mirando.

El Mundial en casa es, en el fondo, una prueba de logística puesta bajo
los ojos del mundo. Puebla ha respondido bien en las fotos. Falta ver si esa
misma disciplina se traduce en la gestión diaria, la que no sale en el timeline
pero es la que de verdad construye ciudad.

Nota editorial: esta columna se centra en la gestión pública visible
durante los festejos mundialistas; no aborda ni minimiza los hechos de
violencia vial ocurridos en otras ciudades sede durante las celebraciones, que
merecen tratamiento aparte.

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